miércoles, 2 de febrero de 2011

La Vida a Palo Seco

Estrategias para vivir sin agua

La mayoría de los organismos necesita agua para vivir. Sólo unos pocos son capaces de resistir de forma prodigiosa sin apenas probar este líquido. Para ello emplean los más sorprendentes recursos.


Miguel Ángel Sabadell







Si tuviéramos que señalar un animal capaz de sobrevivir en las condiciones más duras y secas del planeta, prácticamente habría una única elección: el camello. Se mantiene con muy poca agua, puede encontrar comida donde otros animales no lo hacen, soporta el calor y el frío extremos de los desiertos y, además, ha aprendido a vivir entre seres humanos.

Lo que puede aguantar un camello sin beber depende de la cantidad de comida a la que tiene acceso, de la temperatura durante el día y la noche, del viento y de si está descansando o trabajando. En el Sahara, este camélido puede estar varios días sin probar una gota de agua, pero eso no significa que no la necesite: la consigue de las plantas que come. Si la temperatura se encuentra entre los 30 ºC y los 35 ºC no precisaría beber en dos semanas. Claro que, si esta sube, exige su ración de agua con más frecuencia. En Mauritania, donde las temperaturas alcanzan 48 ºC por el día y 30 ºC por la noche, los camellos beben cada 5 días, aunque pueden estar hasta 10 sin una gota que echarse a la boca. Eso sí, cuando se ponen a beber no hay quien les pare: son capaces de soplarse 106 litros de una sentada y llegar a 170 litros –más de dos veces el volumen del depósito de gasolina de un coche normal– si se les deja un día entero. 
Además, aguantan muy bien la deshidratación. Si un ser humano pierde el 12% de su peso, muere, pero un camello puede perder el 40% de agua sin estar en peligro. Esto tiene que ver con la forma de balón de rugby de sus células sanguíneas, que les permiten pasar unas junto a otras sin entorpecerse, aunque el plasma se haya reducido debido a la deshidratación. Por si fuera poco, soporta temperaturas internas de 42 ºC sin caer enfermo.

Con todos estos datos podríamos pensar que los camellos son superanimales. Y no estamos equivocados, aunque si los comparamos con otros seres vivos… Por ejemplo, la rosa de Jericó o Anastatica hierochuntica, miembro de las brasicáceas, es una pequeña planta de color gris, típica desde Marruecos al sur de Irán, que raramente alcanza los 15 cm de altura y recibe el original nombre de Planta de la Resurrección.

Decir que su comportamiento es peculiar es decir poco. Tras la estación húmeda, muere y se seca, replegando sus estambres hasta formar una bola que protege las semillas e impide que se dispersen demasiado pronto. Estas semillas son muy resistentes y pueden mantenerse durmientes durante años. Cuando empieza a llover, la planta se abre y las semillas se dispersan. Otra planta que suele venderse bajo el nombre de Rosa de Jericó es la Selaginella pilifera, un helecho americano, también denominado Planta de la Resurrección, que revive y vuelve a su color verde cuando se le moja con un poco de agua.

La NASA, por su parte, lleva desde la década de los 60 interesada en la aeroponía: cultivar plantas literalmente en el aire. Están colgadas en medio de una habitación donde cada cierto tiempo entra en funcionamiento un sistema de pulverización que introduce en el ambiente los nutrientes y el agua necesarios. Es lo más cercano a vivir sin el líquido elemento, pues esta forma de cultivar reduce la cantidad de agua necesaria en un 98% y la de fertilizante en un 60%, y no requiere ningún pesticida.


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